Las zetas de La Pedriza

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Como Gregorio tenía que trabajar, Fernando algún compromiso, etc... y viendo que probablemente 
el domingo (mañana) lloverá, esta mañana Jorge y yo decidimos salir a dar una vuelta en bici.

 En un primer momento no sabía muy bien que ruta proponerle a Jorge. Entre las posibles estaban 
La Fuenfría, El Pardo, La Casa  de Campo.....y Las Zetas de La Pedriza, a las que llevaba
 tanto tiempo queriendo ir..
 Así que le propuse a Jorge ir a Las Zetas, no con la intención de hacerlas enteras, si no para
 recordar un poco como eran.
 Salimos de casa y a las 10:30 aprox. empezábamos a subir desde el aparcamiento de la zona de los chiringuitos que están dentro de La Pedriza, 
dirigiéndonos por la carretera de la derecha, es decir, elegimos la opción mas corta pero también mas dura en la subida.
 Sin incidentes y con un tiempo un poco frío pero agradable (alrededor de 5ºC) nos encontramos con las primeras rampas, que yo recordaba mas 
duras de lo que me parecieron.
  Despacito, sin agobios de tiempo, Jorge y yo subíamos en plato pequeño y piñón grande de manera que la subida se hacía cómoda mientras
 íbamos adelantando poco a poco a algunos caminantes.

 Que deciros del entorno. El otoño explota en mil colores y es un verdadero placer poder subir contemplando las mil y una tonalidades que toma 
la sierra en esta época del año.

Seguíamos subiendo tan cómodos que empezábamos ya a sopesar la posibilidad de hacer el circuito completo, pero no queríamos tener ninguna 
presión así que nosotros a lo nuestro, zeta p´a la derecha, ahora zeta p´a la izquierda.

 Una paradita, meadita de rigor, barrita energética p´al cuerpo y otra vez en la bici, hasta que llegamos a un repecho (falsa cima) de la cual sale
 otra pista que hacia la derecha se dirige directa a Las Navas (Este camino recuerdo haberlo recorrido tb hace muchos años en moto, y se queda
 tan solo a 200 metros en línea recta de La Cuerda Larga, pero esos 200 metros hay que hacerlos a pié y con la bici al hombro).

 En este punto, paradita nuevamente, barrita  y pis. Descansamos y nos tiramos cuesta abajo creyendo que ya habíamos subido todo cuando de 
repente aquel camino se torna nuevamente cuesta arriba y nos regala 3 ó 4 kilómetros de subida que nos parecieron las más duras. Tal vez porque
 Jorge aquí ya estaba decidido a bajar y el subir le desinfló un poquillo.

 Bueno, nada importante. La mente es más fuerte que el cuerpo, así que nuevamente y a nuestro tran-tran subimos y subimos hasta que nos
 encontramos con un tramo, el último de la subida, de unos 500 metros, completamente nevados.

 Una gozada. Con la bici por el camino nevado con 3 ó 4 centímetros. Los justos para que no se atrancara la rueda. La sensación de ir en bici sobre
 la nieve nos recompensaba el esfuerzo de la subida.

Llegamos a la cima (un mirador donde puedes ver en 360º una panorámica excelente, y después de descansar 
un poco nos tiramos cuesta abajo por 
las zetas grandes. Así que a lo tonto íbamos a cerrar el circuito. Esto es casi 20 kilómetros. 

La bajada, bastante rápida con máxima del reloj de Jorge de 41 Km/h también fue un motivo de divertimento,
 aunque aquí echábamos en falta  algo más de abrigo, sobre todo en las manos.
 Bueno, además de esto os colgamos unas fotos en un nuevo álbum. La mala suerte del día estuvo en que por 
imprevisión mía, nos quedamos sin batería en la cámara. Una lástima, porque habríamos
 podido hacer unas fotos preciosas.

 La ruta total nos llevó hacerla 3,5 horas, a una velocidad de subida relativamente lenta (7 Km/h), y las rampas
 son realmente cómodas de subir. 
Nada que ver con la exigencia de los Acebos de Robregordo en cuanto a dificultad, aunque el frío que puede hacer en los próximos meses puede
 sumarle un plus de exigencia añadida.

 Un abrazo para todos

 Enrique y Jorge.

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