El Escorial II
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Esta
vez los asistentes fuimos Elena, Javier, Juan Fran, Gregorio y yo mismo,
Enrique. Los cinco compartimos
nuevamente
unas horas de agradable compañía compartiendo esta afición que no es sólo por la
bici, si no por el campo, la naturaleza y en definitiva, las ganas de vivir.
A las 09:30 AM como habíamos quedado nos juntamos en la zona de aparcamiento que existe en el comienzo de la corta carretera que lleva a la Silla de Felipe II, lugar desde donde el monarca contempló la construcción del Monasterio de El Escorial, una maravilla de la arquitectura, que encaja perfectamente con el paisaje serrano de las montañas de El Escorial.
Una primera parte de la ruta discurre por anchas pistas que nos llevan hasta el famoso sitio. Allí, en la piedra granítica característica de esta zona se encuentra la célebre silla, labrada en la roca.
Después de algunas fotos y de contemplar la espléndida vista, proseguimos
nuestro camino. La ruta se interna ahora en una sucesión de veredas estrechas,
reviradas y bastante empina
das
donde hace falta fuerza y técnica para no poner el pié a tierra. Juan Fran y
Gregorio pasan esta zona bastante bien, pero Elena, Javier y yo mismo tenemos
muchas veces que poner el pié en tierra, incluso pasar algunos tramos tirando de
la bici. No se de que se quejan algunos de mis rutas, porque esta mañana por
momentos era mas el tiempo en que yo iba tirando de la bici que montando, pero
bueno, ya todos conoceréis eso de “cría fama y échate a dormir”
Al fin llegamos a la carretera que une El Escorial con el puerto de la Cruz Verde, y seguimos avanzando hasta otra carretera que sale a la derecha y que lleva directamente a El Escorial. Unos metros mas adelante dejamos esta girando a la izquierda y tomando una pista de ripio bastante suelto que empieza a subir lentamente. La pista se acaba y comenzamos a subir por un sendero de 1 metro de ancho que nos lleva directamente y después de otro tramo de pista hasta las famosas revueltas. Diez y seis revueltas que suben no muy inclinadas. La dificultad aquí aparece en las cerradas curvas que dan el nombre a las revueltas, en una de las cuales me caí con daños menores. Antes Elena ya había probado el suelo, y después Gregorio también “se compró una parcelita” en la bajada.
Terminamos
las revueltas y llegamos a la carretera que une El Escorial con el Puerto de
Malagón, que nos regaló unas rampas bastante curiosas. El Puerto está en un
collado desde el que se divisa Madrid pero también el comienzo de la provincia
de Ávila, con generadores eólicos al fondo. Tras una pausa de descanso y un
reagrupamiento continuamos hacia Abantos, pero aquí Gregorio se da cuenta de que
vamos un poco retrasados y propone dar la vuelta, dejando Abantos para mejor
ocasión. Todos acordamos que es una buena idea así que comenzamos el regreso por
el mismo camino de la ida pero ahora cuesta abajo. Quien llegó primero abajo no
lo contaré. Si habéis leído otras crónicas lo podréis deducir, pero al final
todos llegamos al punto de reunión donde nos esperaban nuestros coches.
Gregorio, Elena y yo somos habituales de nuestras citas beteteras. Javier, incorporado al grupo hace unas semanitas, también parece bastante usual, pero hoy tuvimos la suerte de contar con la compañía de Juan Fran, que nos enseñó parte de lo que sabe de esto de las bicis, trucos, consejos, y sobre todo, nos dejó ver su culote con refuerzos bastante gruesos en los laterales a la altura de los muslos.
Yo me voy a comprar uno igual.
Saludos cordiales. Enrique
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