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Embalse de Picadas II
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Tras superar el primer cruce de la ruta iniciamos un leve descenso hacia la lagunilla, de donde parte la pista forestal que nos había de llevar a la cima, pero que decidimos ignorar para descubrir a los dos Km. que no llevamos el camino correcto. Solución, media vuelta para recuperar nuestro camino y alcanzar el punto más alto de la ruta. Una vez reunido el grupo en la cima Helena nos advierte de la dificultad de Carlos en el ascenso, viendo la hora decidimos aumentar el ritmo en lo posible y hacer las paradas justas. La bajadita estaba realmente entretenida, cargadita de barro, surcos y numerosos charcos y con un suelo de lo más adherente, por donde alcanzamos Villa del Prado. Por el camino que discurre en paralelo con la carretera alcanzamos el safari El Rincón, desde donde se inicia el último ascenso donde Enrique decide montar la bici de Carlos y dejarle la suya a Jorge, evitando con ello que se quede rezagado. Al llegar a la presa de Picadas Carlos se muestra sensiblemente cansado y con molestias en el cuello, Helena, Marta, y el que escribe tratamos de arropar al chaval y de animarlo, mientras que Enrique y Mari inician una escapada en solitario para tratar de retroceder con el Montero y recoger al
chico.
Seguimos por un tramo precioso que discurre a orilla del pantano con un
camino lleno de tremendos charcos de agua que en ocasiones casi no podemos
sortear.
En uno de los puentes que cruza una de las múltiples entradas de agua del pantano donde la barandilla brilla por su ausencia y con toda la zona de paso con importantes bolsas de agua que nos obligan casi a zambullirnos, Marta decide dedicarnos toda una exhibición de dominio de la bici, en mitad del tremendo charco se queda clavada perdiendo el equilibrio y haciendo que retroceda unos centímetros hacia el borde, apoyándose fuertemente en el manillar hace un caballito con la rueda trasera haciendo girar la bici sobre el eje de la horquilla, quedando el tren trasero de la bici suspendido en el aire pero por fuera del puente con el consiguiente balanceo de la bici y Marta hacia el pantano y un sonoro grito de admiración y asombro que Helena y yo la dedicamos. Rápidamente acudimos en su ayuda para que Marta pueda soltar la bici y salir del borde del puente. Afortunadamente se evita el desastre que como su padre nos dice habría supuesto la bici de Marta oxidada J Superado el trago continuamos ruta empujando literalmente a Carlos que ya no puede con su alma, hasta que como caído del cielo hace su aparición nuestro vehículo de apoyo, Enrique y su TT. A las 16 horas llegamos a la Parrillada Argentina donde nos obsequian con múltiples cervezas refrescos y viandas prolongando este bonito día de ruta hasta el anochecer. Emilio Martín
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