Nos encontramos mi padre y yo con
Gregorio, Marimar y Raúl para hacer una
ruta de bicicleta de montaña.
Empezamos en un pueblo llamado,
Desde el principio de la ruta, era cuesta arriba.
Ya casi arriba había una intersección
hacia abajo, pero no, nuestro amiguito Gregorio
dijo tan pancho: ¡venga ala! para arriba.
Siguiendo hacia arriba, había otra intersección y aquí si que giramos.
Era un camino llano, bastante agradable.
Luego nos metimos por un camino entre árboles con sombra y aparte de eso era
Al final de la ruta vimos unos cuantos motoristas haciendo saltos con la moto. Atravesamos el
Nos montamos en los coches y fuimos a comer a un restaurante donde la comida estaba riquísima.
Después de comer nos despedimos todos y dijo Gregorio: Cada mochuelo a su olivo.